Improcedente acuñación de moneda

Martes 12 de enero de 2010 – Editorial de La Nación

La elección del pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo para el reverso de monedas de dos pesos no contribuye a la pacificación.

EL Banco Central ha puesto en circulación monedas de dos pesos que en el reverso de su denominación exponen el dibujo del pañuelo que caracteriza a la asociación Madres de Plaza de Mayo con la leyenda “Derechos Humanos. Memoria, Verdad y Justicia”. Por primera vez en la Argentina, una moneda en circulación muestra un símbolo de la historia reciente o del tiempo presente, que puede despertar sentimientos antagónicos. Hay heridas que aún no han cicatrizado y que, de esta forma, pueden profundizarse.

Desde la organización nacional, las monedas puestas en circulación no llevaron otros cuños que los de la República, el Libertador, el escudo patrio o motivos característicos del país de todos. La moneda física no fue nunca utilizada como expresión de posiciones políticas o ideológicas afines al gobierno de turno. Aun las emisiones conmemorativas y limitadas respetaron esa regla. Sólo podría encontrarse alguna leyenda muy sutilmente referida a un eslogan gubernamental en el billete de un peso emitido a principios de los 50.

La agrupación Madres de Plaza de Mayo, referida en la nueva moneda, debiera convocar el respeto de la ciudadanía por el origen y contenido esencial de su causa. Sin embargo, con el correr de los años ha confundido sus fines y se ha convertido en una entidad que comparte la reivindicación de sus víctimas con la defensa de extremos ideológicos y de desviaciones claramente antidemocráticas o de dudoso contenido ético. La emblemática presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, no ha perdido oportunidad de reivindicar la acción violenta y revolucionaria de los grupos armados de los setenta. En esta defensa, no ha hecho siquiera distingos si aquellas acciones fueron ejecutadas contra gobiernos democráticos ni ha recordado que a causa de ellas murieron o sufrieron miles de personas inocentes. Todo lo que surge de su hacer es una actitud más asimilable a la venganza que a la justicia.

La acción política de las Madres ha encontrado frecuente justificación para la violencia terrorista ejercida en otras latitudes. De la voz de su presidenta surgieron encomios para los atacantes de las Torres Gemelas, los atentados de la ETA y para otras acciones de similar carácter. No pueden olvidarse tampoco las groseras y tenebrosas palabras dedicadas a Juan Pablo II en ocasión de su muerte. El actual gobierno ha utilizado a esta organización, como a otras, para cubrirse con una suerte de escudo ideológico que contrapese los abusos y los excesos políticos y personales desde el ejercicio del poder. Le ha suministrado subsidios para sostener una radio, una empresa constructora y la operación de una universidad, que son utilizadas como elementos de captación política e ideológica y que poco tienen que ver con el fin de encontrar y reivindicar a los hijos desaparecidos.

El camino de la concordia y la reconciliación no excluye la justicia ni implica el olvido, pero exige la memoria completa y el reconocimiento de todas las culpas. Sólo a partir de allí podrá lograrse algún día esa reconciliación. El camino de la pacificación requiere principios, generosidad y actitudes éticas, no la acuñación de monedas.

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