“Sobre el silencio y el dolor de los inocentes, no tenemos futuro”

Domingo 25 de abril de 2010 / Entrevista por Jorge Palomar/ Revista La Nación


El Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, una ONG creada hace 4 años por la abogada Victoria Villarruel, busca rescatar del olvido a las víctimas de la guerrilla en la Argentina entre 1960 y 1980.

Victoria Eugenia Villarruel nació el 13 de abril de 1975, once meses y once días antes del golpe militar de 1976. Es abogada, fundadora y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas -Celtyv-, una iniciativa surgida hace ocho años y convertida en ONG hace cuatro, cuya finalidad es obtener el reconocimiento de los derechos de las víctimas del terrorismo y reconstruir sus historias, así como las de sus familias, asesorarlas legalmente y, lo más importante para ella, rescatarlas del olvido y de la exclusión. “Comprendí que escribir, relatar y sacar del olvido la otra historia, la que nunca se cuenta, habría de ser mi tarea a cumplir.”

El encuentro con Villarruel, en sus oficinas próximas al Obelisco, ocurrió cinco días después de la presentación de su último libro Los llaman… “jóvenes idealistas” en el Centro Cultural Borges. Ese día, entre otros invitados, estaban Juan Bautista Yofre, ex jefe de la SIDE durante el primer gobierno de Carlos Menem; Norberto Quantín, ex secretario de Seguridad de Kirchner; Francisco Mayorga, ex secretario de Turismo, y sobrevivientes y familiares de las víctimas del terrorismo de los 70, como la Sra. Lorenza Ferrari, que perdió a su hija en un atentado con bomba en 1975; las nietas del coronel Larrabure, y el hijo del diputado provincial Hipólito Acuña, asesinado el 14 de febrero de 1975 por Montoneros. El rabino Sergio Bergman, convocado para el encuentro, recibió una amenaza de muerte, al igual que su familia, y los organizadores optaron por liberarlo de su presentación. “A 30 años seguimos siendo víctimas del terrorismo. Hay una silla vacía en esta sala porque priorizamos su seguridad y la de su familia”, dijo en ese momento Villarruel.

Un país de cuerpo presente

-¿Qué reclaman exactamente las víctimas del terrorismo?

-Las víctimas quieren el reconocimiento de sus derechos humanos. Hoy es el Estado el que está violando sus derechos, y si bien las agresiones terroristas en principio fueron realizadas por terceros ajenos a él, hoy es el Estado Nacional, a través de las acciones de sus funcionarios, el que está perpetrando la violación y agrediendo a las víctimas. Porque el Estado está obligado internacionalmente a proteger, investigar y reparar a las víctimas de las violaciones de derechos humanos, cosa que obviamente no está haciendo con las víctimas del terrorismo.

-¿Podrías afirmar que el grueso de la sociedad comparte tu pensamiento?

-Cuando la gente toma conciencia de la iniquidad y abandono de las víctimas por parte del Estado, comparten mi forma de pensar; nadie con sentido común apoya la impunidad de los terroristas. Salvo aquellos que por ceguera ideológica prefieren mantener este statu quo, pero la situación de las víctimas clama justicia por sí sola. Tras varios años de un discurso oficial que las ocultó, eso llevó a muchos a dudar de su existencia, pero lamentablemente las víctimas están allí y si nosotros las pudimos encontrar, con mayor razón lo debería haber hecho el Estado.

-¿Por qué se ignora a las víctimas?

-Los terroristas quisieron pasar a la historia como héroes, pero su pasado los condena cuando aparecen sus víctimas, gente común cuya vida cambió para siempre debido a la violencia irracional de las organizaciones armadas. Por eso, desde el gobierno se hace un esfuerzo cultural millonario para cambiar la historia y esconder a las víctimas; su presencia recuerda que los terroristas también actuaron en gobiernos democráticos, donde se los amnistió y se los invitó a participar en política. Sin embargo, se mantuvieron en su idea de tomar el poder por la violencia y ello demuele el mito de que sus actos fueron una heroica lucha contra la dictadura. El Estado, desde 1983 hasta hoy, protege expresamente a este sector. Hay ciudadanos que quedaron parapléjicos o ciegos o sin padres, viviendo en la pobreza, y ahora vemos a los responsables libres, incluso a algunos ocupando importantes cargos públicos, y yo no escuché de ninguno de ellos pedir perdón a la sociedad y a sus víctimas.

-Tampoco del otro lado nadie salió nunca a pedir perdón.

-El análisis de esta época debe ser meditado con mucha objetividad, sin demonizar ni santificar. Sin embargo, recuerdo que existieron varios pedidos públicos de perdón. Por otra parte, los perpetradores han hecho juicios. Todos los afectados por el Estado fueron reparados. Los padres, los hijos, los grupos familiares fueron reparados en forma completa, porque se dictaron leyes nacionales y provinciales que los han cubierto ampliamente. Además, está el Museo de la Memoria. En cada ciudad importante hay un museo… pero de una memoria sesgada, porque a las víctimas inocentes no se las incluye. Entonces, me pregunto, si el Estado pone todo su empeño en defender solo a un sector, ¿por qué no actúa igual para defender a las personas que ni siquiera militaban en una organización armada? Un terrorista no es lo mismo que una víctima.

-Por supuesto que no. ¿Pero pensás que también es lo mismo el terrorismo de Estado que el otro terrorismo?

-La expresión terrorismo de Estado no sólo es desafortunada, sino también confusa. El terrorismo de Estado es una categoría política, que crea un terrorismo mayor que oculta y opaca las acciones del propio terrorismo. Hace muchos años, el ex secretario de la ONU Kofi Annan dijo: “Ya es hora de dejar de lado los debates sobre el denominado terrorismo de Estado. El uso de la fuerza por los Estados está totalmente reglamentado por el derecho internacional y el derecho a resistir a la ocupación debe entenderse en su auténtico significado. No puede incluir el derecho a asesinar o mutilar deliberadamente a civiles”. Por otra parte, la Audiencia General española, en el 2008, dijo: “La expresión terrorismo de Estado no existe, es desafortunada; el Estado no puede subvertirse a sí mismo”. Ahora bien, si entendemos que el terrorismo de Estado es la violación masiva de derechos humanos, como algunos han intentado definirlo, puedo garantizar que el gobierno actual queda perfectamente encuadrado en esta definición, porque el Estado hoy está violando masivamente los derechos humanos de las víctimas del terrorismo.

-¿No creés que el Estado es el que tiene mayor responsabilidad?

-Justamente, es el Estado argentino el que pospone la asistencia y reparación al sufrimiento de las víctimas del terrorismo. Ellas fueron doblemente victimizadas por las organizaciones armadas y luego por el Estado al no reconocerse sus derechos. Durante la vigencia de las leyes de obediencia debida y punto final, no pudieron avanzar penalmente sobre sus victimarios, y ahora que se cayeron tampoco lo pueden hacer porque la Corte, de manera restrictiva, solo categorizó los delitos de los agentes del Estado como imprescriptibles, quedando impunes los delitos de los terroristas. Este es un caso único en el mundo de discriminación entre víctimas y una violación expresa del Estado de derecho. Esa discriminación perjudica al inocente: al sindicalista, al médico, a “Cristinita”, la hijita de 3 años del capitán Viola; al policía que está parado en una esquina… Esa diferenciación ha logrado que a 26 años de democracia haya un sector que no tiene absolutamente ningún derecho. Los derechos humanos no son para un sector, para una época, para una ideología determinada.

-Algunos referentes de organizaciones de derechos humanos hablan de daño no deseado…

-Si vamos a tomar como daño colateral el asesinato de un ser humano entonces estaríamos justificando que hay gente que tiene derecho a matar a otro. Yo no quiero vivir en la ley de la selva. El que sostiene este tipo de argumentos, de democrático no tiene nada.

-En el libro Argentina, una luz de almacén , su autor, el ex canciller Rafael Bielsa, nos define como “un país de cuerpo presente… en todo momento está vivo. No terminamos de enterrar nada. Vivimos entre espectros”. Lo dice en otro contexto, pero es aplicable a esta realidad.

-Así parece. Países como Alemania, con situaciones mucho más graves que la nuestra, pudieron pacificarse, unirse y progresar. Nosotros tenemos que poder hacerlo, pero hace falta sincerarse. No podemos hablar de esto sin ser tildados de fascistas, de asesinos, de nazis. El hecho de que las víctimas hayan sido producto de las acciones de organizaciones mayoritariamente de izquierda genera una natural tendencia a pensar que la ONG representa a la derecha, cuando en rigor no se trata de una cuestión de derechas o de izquierdas, sino de reconocimiento de derechos a víctimas inocentes.

-Los medios en general, tampoco se ocupan de promover este debate.

-Es verdad. Mirá, acá se han cometido atrocidades en nombre de personas que en su mesianismo creyeron que podían llevarse puesto a un país, y hoy escuchamos hablar sobre derechos humanos a esas personas que participaron en organizaciones armadas, que secuestraban y asesinaban gente. Me parece aberrante. Me imagino lo que debe sentir una persona a la que le mataron a su padre, o a su hijo, delante de sus ojos. Como país, si no nos sinceramos realmente, nos va a costar mucho hermanarnos. Por eso, al futuro lo veo muy oscuro. Revisá los libros de texto de la primaria o de la secundaria y no vas a encontrar una sola línea que hable de las víctimas del terrorismo. Para la historia oficial, las víctimas inocentes nunca existieron. Si las bases de este país están puestas sobre el silencio y el dolor de los inocentes, entonces no tenemos futuro.

Villarruel explica que la ONG se financia con el aporte de particulares, familias de víctimas y personas que, sin haberlo sido, colaboran para que se realice esta tarea. “Estamos trabajando en varios proyectos a la vez, pero el más importante de todos es el Proyecto Víctimas, que consiste en el relevamiento de todo el material público de diarios, revistas y libros para conocer quiénes, cuántas y qué agresión sufrieron las víctimas del terrorismo en nuestro país. Esa investigación está en etapa de auditoría, pero supera las 17.000 personas directamente afectadas. Comenzamos a recorrer las hemerotecas, a interiorizarnos de lo que publicaban los diarios y las revistas de la época, a investigar, conocimos a familias de víctimas, hacíamos entrevistas y recopilábamos información. Cuando esa información creció a niveles muy importantes, comprendí que ahí había un reclamo de toda esa gente, a ver si alguien hacía algo por ellos, porque, de lo contrario, qué hacemos con esa otra parte de la historia. ¿La eliminamos del debate? Así nació la ONG.

-¿Cómo llegaron a establecer esa cifra de 17.000 víctimas?

-Nos basamos en el estándar internacional, que considera como víctima del terrorismo todo aquel que ha sido asesinado, herido, torturado, secuestrado, que tiene secuelas demostrables de un daño cometido por una acción terrorista. Y también todas aquellas personas que por haber ayudado a una víctima han sufrido un daño.

-¿Cuándo comenzó a surgir este tipo de ONG en el mundo?

-Los movimientos de víctimas surgieron hace más de 20 años. La ONG más antigua de Europa, y con la que tenemos una muy estrecha relación, es la Asociación Víctimas del Terrorismo, de España, creada a principios de los 80, luego de varios años de que el país soportara los atentados de ETA…

-Sin embargo, España nunca revisó el período franquista. La Argentina, en cambio, actuó de manera diferente con el juicio a las juntas militares.

-Es verdad. En el caso puntual de determinados períodos de la historia, no hubo revisión. Casualmente, si vos me dijeras que es un tema que se ha olvidado, sería muy extraña nuestra actividad, pero en la Argentina es un tema actual porque estamos debatiendo hechos que sucedieron hace treinta años o más. El 11 de marzo pasado, cuando presentamos nuestro libro, ese mismo día, en el estadio de Ferro, se hizo un homenaje a Héctor Cámpora rememorando su triunfo electoral. Esa forma de recordar la historia no incluye a toda la sociedad, es parcial. Yo no concibo la historia contada a medias. En mi casa siempre se trataron estos temas y se habló de todo: del terrorismo, de los desaparecidos… Por eso no concibo que en la Argentina, en plena democracia, no se debata el tema de las víctimas.

-¿Qué secuelas quedaron en los sobrevivientes del terrorismo y en familiares de las víctimas? ¿Qué es lo que no se sabe?

-Han quedado profundas secuelas psicológicas que, para peor, se fueron acrecentando, con el paso del tiempo, cuando se observa una clara actitud de ignorar a este sector afectado, tanto por parte de la sociedad como del Estado. Estamos viendo casos de hijos y de nietos de víctimas que están sufriendo trastornos psicológicos por el daño causado, ataques de pánico, y que en algunos casos terminan en suicidio. Eso es terrible, porque te da una idea cabal de cuánto ha sufrido el terrorismo esa gente.

-Además de las publicaciones y de los testimonios, ¿buscan información a través de la Policía, del Ministerio del Interior, de las embajadas o de la Cancillería?

-No. La información que utilizamos es la que podría tener acceso un ciudadano cualquiera. Todavía no hemos accedido a la información oficial.

-¿Por qué?

-Por esa razón: porque nos movemos como cualquier ciudadano común, y, así, acceder a la información que puede estar al alcance de cualquiera. Creo que esto es lo que más relevancia le otorga a cualquier investigación histórica. Ir a los diarios de época, buscar libros, revistas, incluso revistas que editaban las propias organizaciones armadas, como Estrella roja o Evita montonera… Nunca hicimos hincapié en información confidencial. En nuestro país, de cada cinco víctimas del terrorismo cuatro eran civiles. Es un mito que todas las víctimas eran militares.

-Desde lo jurídico, ¿qué es lo que hacen exactamente?

-Les brindamos asesoramiento gratuito a las víctimas que quieran reabrir sus causas judiciales y nuestros abogados, que trabajan ad honorem, las patrocinan. Pero el problema que tenemos es que el Estado frena esas causas. Desde el momento en que el procurador Esteban Righi, a través de la resolución 158 del año 2007, les dio la orden a los fiscales de no declarar delitos de lesa humanidad a los atentados cometidos por las organizaciones terroristas, desde el vamos tenés un freno insalvable. Nos hemos encontrado con causas del año 74 o 75 que nunca se han investigado. Tenemos causas vacías, en las que hasta el asesino fue identificado, y esas causas, sin embargo, no existen para la Justicia. El Poder Judicial también tiene responsabilidad, porque no ha tomado el mandato de impartir justicia. Hay muchísimos casos de personas que han sido condenadas con sentencia firme, y luego indultadas durante el gobierno de Alfonsín. Y, encima, indemnizadas.

-¿Qué países de la región se ocupan hoy de las víctimas del terrorismo?

-Colombia y Perú son los más avanzados en esta materia. Perú promulgó muchas leyes de reparación a las víctimas, reparaciones que son menores en cuanto al monto económico, porque se ha reparado más a terroristas de Sendero Luminoso que a las víctimas que ocasionaron. Una víctima de Sendero Luminoso cobra mucho menos que un terrorista cuando reclama por abusos del Estado en su contra. Y Colombia es un caso especial, porque todavía se están viviendo episodios muy cruentos y las leyes de defensa de las víctimas del terrorismo van saliendo con los años. Pero están haciendo algo por las víctimas.

-¿Qué cosas te acercan y cuáles te alejan de Cecilia Pando, de Estela de Carlotto y de Adolfo Pérez Esquivel?

-A ver… de Cecilia Pando comprendo su lucha en el sentido de que si el Estado juzga a militares violando sus derechos humanos, se pone en violador de los derechos humanos. Juzgar a un sector vulnerando sus derechos, deslegitima cualquier reclamo, porque es inaceptable que un Estado de derecho viole los derechos humanos. Nosotros no trabajamos con el tema de los presos; lo hacemos solo con las víctimas. Entre las víctimas que causaron las organizaciones armadas hay niños, empresarios, anglicanos, obreros, militares, sindicalistas, policías, extranjeros, católicos, radicales, docentes, peronistas, judíos, periodistas, liberales, nacionalistas, etcétera. A ellos los convocamos y representamos sin discriminación alguna, sólo por su condición de víctimas. En el caso de Estela, obviamente me parece muy loable lo que ha hecho, pero disiento totalmente de su discurso. No me cierra que Estela no admita que su hija era combatiente. Nosotros no le reclamamos sólo al Estado, sino también a las organizaciones armadas de las que su hija formaba parte; por eso me parece que a su historia le falta un contexto. Además, su ONG perdió independencia y pasó a convalidar las acciones de gobierno, convirtiéndose en una herramienta política. Con respecto a Pérez Esquivel, tuve oportunidad de conversar con él y el tema de las víctimas le ha interesado. Pérez Esquivel considera que sería necesario reparar esta falla. Tiene una posición más justa y equilibrada, más crítica del Gobierno, pero bueno… no volvimos a tener contacto.

-Cuando te argumentan que el Estado secuestró y eliminó personas, que las hizo desaparecer, que se apropió de bebés…

-Mirá, yo defiendo a inocentes. Para nada estoy de acuerdo en que el Estado abuse contra nadie, pero tampoco estoy de acuerdo con que el mismo Estado, años después, diga que esos que fueron abusados eran inocentes o que eran personas probas. Una persona que integró una organización terrorista, tanto en gobiernos democráticos como de facto, no puede luego ser tildada de santo.

-Todavía se discute sobre la teoría de los dos demonios…

-Para mí, el único demonio es el terrorismo. Cuando me encuentro con personas parapléjicas, ciegas, con ataques de pánico, desamparados por el Estado, lo que veo como único demonio es al terrorismo. No hay otro. No hay dos demonios, hay terrorismo. No entiendo por qué se diferencia entre seres humanos. Hay una intencionalidad política en este pensamiento.

-Si una víctima del terrorismo de Estado pidiera hablar con vos, ¿qué le dirías?

-En principio, como te dije antes, yo no puedo estar de acuerdo en que se ocasionen víctimas. Ahora, en el caso que me estás planteando, le preguntaría, por supuesto, en qué podríamos ayudarla. Si el Estado cometió abuso, el Estado debe reparar y juzgar. Ahora, en lo que no estoy de acuerdo es en que el Estado elimine a una porción de la población y le diga “ustedes no son merecedores de ningún derecho”. A tantos años de los hechos, a todas esas víctimas inocentes, el Estado les dio cero respuestas.

-En los últimos 26 años, la Argentina fue testigo del punto final, de la obediencia debida, de los indultos, se levantó el Museo de la Memoria, se impuso el 24 de marzo como feriado nacional, se hizo retirar la foto de Videla del Colegio Militar, se modificó la introducción del libro Nunca más , continúan los juicios contra los represores… Sin embargo, nada parece cerrar esa parte de nuestra historia.

-(Victoria Villarruel se toma su tiempo, se recuesta sobre su silla, mira para un costado). Acá fueron juzgados cinco tipos: Gorriarán Merlo, Perdía, Firmenich, Vaca Narvaja, Galimberti… ¿y con cinco tipos reparamos el dolor de 17.000 personas inocentes? No. Es una vergüenza. Si el progreso de un país está basado en el dolor del inocente, es un país construido en arena: en cualquier momento se viene abajo. En el Parque de la Memoria, en la ciudad de Buenos Aires, están los nombres de los 52 combatientes del ERP que murieron durante el ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno, en Monte Chingolo, en diciembre de 1975. Si nosotros decimos que esos 52 guerrilleros integrantes de una organización declarada ilegal por un gobierno democrático merecen el homenaje público, ahí es cuando me pregunto qué clase de país tenemos y queremos.

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